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3/10/15

Impúdico desorden

Mira:
no me hagas caso, pero a ti te hablo...
Siempre hay alrededor
un no sé qué que palpita
y puedo imaginar mi mirada,
una cualquiera huyendo hacia cualquier lado
después de haber inoculado un sentimiento.
-¡Con su libre albedrío haciendo de las suyas!

Entonces, mi otro yo, la rodea con sus brazos
y se va a sus adentros y se queda desnudo,
descifrando las claves del silencio.

Es que en ese impúdico desorden
la quietud nos habla.
Es como un gran menú servido que no se come...
-¡Por caro!
Incluso, lo imaginas y compruebas su tacto, olor y sabor
como el que tienen los poemas hermosos.
Y cómo las palabras acarician nuestras manos
recogiendo un puñado de letra en los dedos, lamiéndolas
¡Y, cuando las beso, suspiran!
Por eso la libertad de los poemas se completa
como en un postre de amor  de quien se calla
o mira sin mirar otras pupilas...
"Con ojos como platos" de los que no se comen.

Es así la ilusión humana
pues parece que el alma en movimiento nos delata
y el cuerpo con su fiebre se descifra,
en la costumbre de ser un ángel distraído
que se viste de poemas y 'sin querer',
¡se queda sin sus plumas!


Australia Elisa LattkeV. en: "Don Anselmo"

18/4/15

¿Que me das? (Delirios del alma) -Taller de Letras-

*Juego erótico-Taller de Escritura creativa.

¿Qué me das que no te dé
que por darte te mantenga
dando salud me convenga
a la razón de mi fe?
Sabiendo lo que ya sé
de ese cielo que se aguarda,
si eres ángel de la guarda
o demonio de un sentir,
¡pues debo saber vivir,
de su muerte que acobarda!

Así...caminando voy...
con la mente visionaria,
y luces de candelaria
por lo caminos del hoy.
Si es que no sé ni quién soy...
¿Qué me das, amor inmenso
del gozo que me dispenso,
si hay un silencio sonoro
con mil versos como el oro,
y levitando te pienso?

Poseída de tu sombra
eres resplandor remoto,
reflejo donde me agoto
del cielo que ya te nombra.
¡Ay! ¿Dime si no te asombra?
¡Qué me das dolor eterno
del placebo del averno
por la verdad que callamos,
sin la luz donde miramos,
si ya me agota el invierno!

¿Qué me das que nunca pude
acariciarte y tenerte,
para sentir otra muerte...
pues con pensar no se lude?
¡Mas bien el alma da ardor
yendo a cita consentida
a ese gozo de la vida,
apagando su tormenta,
¡la del cuerpo que contenta,
sintiéndose complacida!


A. Elisa Lattke V